diumenge, 15 de febrer del 2015

Viajando desde el extranjero para la defensa de Kobane

El asedio del Estado Islámico a la ciudad de Kobane, en Rojava, ha llamado la atención de la comunidad internacional. Una diversidad de organizaciones militares han defendido sobre el terreno la ciudad, que se levanta además en un entorno culturalmente diverso. Las personas movilizadas son así de identidades culturales kurda, árabe, turca, turcomana, y siríaca entre otras. La resistencia es calificada de épica, hasta el punto de que un número significativo de occidentales ha viajado hasta allí para unirse. En algunos casos se trata de personas que han hecho pública su identidad y promueven su participación utilizando las redes sociales.

El más mediático de estos voluntarios es Jordan Matson, de 28 años. Matson fue militar en el Ejército de los Estados Unidos durante ocho años, hasta que se desvinculó, iniciando entonces un periplo por diferentes empleos más o menos precarios. Tanto él como su familia se declaran cristianos. Matson contactó a título personal con las YPG, porque según él era la única fuerza que combatía con resolución al Estado Islámico. Tomó un avión y se alistó. Esto ocurrió en Septiembre de 2014. Matson ha ganado notoriedad mediática debido a su carisma, al haber sido entrevistado por medios kurdos en el contexto de la guerra mediática, y por haber fomentado la llegada de otros voluntarios, quienes forman los Lions of Rojava. Se trata de un grupo constituído por alguna docena de combatientes, seguramente todo hombres, provenientes en su mayoría de países de cultura anglosajona. El grupo afirma que, a medida que el invierno avance, contará con cientos de voluntarios. Matson no fue a la guerra ni en Irak ni en Afganistán, pero los Lions of Rojava están formados principalmente por veteranos de esas guerras.

Por las declaraciones de este tipo de voluntarios se desprende que en general, antes de ir a Rojava, tenían poco o ningún conocimiento previo del contexto sociopolítico o de la cultura kurda, y que su motivación es combatir al Estado Islámico, difícilmente aceptan en sus filas personas sin experiencia militar y pueden llegar a rechazar a otras por su orientación sexual. Sin embargo en sus declaraciones no olvidan mencionar su deseo de proteger a la población civil, y expresan su asombro por la hospitalidad, la fraternidad, y la capacidad de resistencia que han encontrado en Rojava. Matson, por ejemplo, declara que “Rojava es un mundo completamente diferente a los E.E.U.U., y donde no ha recibido otra cosa que amor”.

Matson pisó Rojava en Septiembre de 2014, pero no fue el primer occidental. En realidad, cuando él llegó Kobane estaba ya aislada y llegar a participar en su defensa era muy difícil. De modo que Matson y los Lions of Rojava combaten fundamentalmente en el cantón de Yazira. Para participar en la defensa de Kobane hubiese necesitado llegar antes, como fue el caso de Kristopher Nicholaidis, griego, de 28 años también, que era activo en la defensa de migrantes en Grecia y en la oposición a Amanecer Dorado. En una entrevista, Nikolaidis se declaraba de profesión artista, perteneciente a una familia politizada y personalmente socialdemócrata. No proporcionaba cifras de combatientes extranjeros, y se limitaba a declarar que en Kobane combatía una cantidad considerable de occidentales, tanto hombres como mujeres, que incluía a numerosos combatientes turcos. Algunos de estos combatientes turcos pertenecen al ámbito universitario y de las ciencias políticas, por lo que su participación en la defensa de Kobane, en muchos casos, puede quizá decirse que procede no sólo por el estupor ante las crueldades del Estado Islámico, si no también por su afinidad con las transformaciones políticas radicales que desde hace varios años parece vienen sucediéndose en favor de la autonomía en Rojava. La identidad, por ejemplo, de Nejat Agirnasli, trascendió al dejar la vida en la defensa de Kobane, era profesor de sociología y miembro del Partido Comunista Marxista Leninista. Este partido ha publicado un video en el que se muestran a dos combatientes españoles y a otros alemanes.

Por otra parte han trascendido también informaciones sobre otras iniciativas para unirse a la lucha, como la banda de moteros alemanes Median Empire, la banda holandesa No Surreder, la veterana del ejército israelí Gill Rosenberg o la joven de nacionalidad danesa Joana Palani. Aparecen a veces también historias de mujeres venidas de afuera pero no necesariamente de occidente, sería el caso de personas de procedencia chechena que, expulsadas por la intervención militar rusa, acabaron migrando a Rojava. Pero en estas historias los detalles no abundan o se actualizan poco. En algunos casos también sus protagonistas pueden contextualizarse en la diáspora del pueblo kurdo. Gente que vive en países geográficamente lejanos al Kurdistán, pero debido a la emergencia actual han decidido viajar y alistarse, ya sea con los peshmerga, en la Región Autónoma del Kurdistán en Irak, ya con las YPG/YPJ en Rojava. Ésta es tradicionalmente una forma significativa de participación en organizaciones militares kurdas, por ejemplo el HPG, brazo armado del PKK, en sangriento conflicto con el estado turco. Alguien que considerase esta situación, sin haberse informado previamente, pensaría que estas últimas personas, por tener cierta identidad kurda, no son en realidad combatientes tan “occidentales” como los Lions of Rojava, como el griego Nikolaidis o como la comunidad universitaria de Estambul. Sin embargo, no basta con saber que son personas educadas en occidente, sino que podemos preguntarnos también en qué medida, en Rojava, hoy, se están desarrollando valores que, por ejemplo Europa o E.E.U.U., tiende a considerar de su propia autoría.

@annafrank4

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